Faro meridional - Rita Kratsman / Ed: El jardín de las delicias

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…en cuanto al lenguaje/ sigue alineado al gozo de abolir la medida del tiempo –del invierno nacional del terrorismo de estado al del océano presente que termina con gestas apenas comenzadas–, abolir la línea entre lo real, lo simbólico, lo ima­­ginario, abolir la puntuación, la separación entre la escritura y su espejo, entre las palabras que se unen en neologismos.
El señor Bloom atraviesa la página como en otros libros de Rita Kratsman. Cada poema es paseo y diálogo de una mujer consigo misma y con las voces que la retienen. Personaje de Puig si los suyos hubieran sido lectoras ávidas y poetas. Si quisieras silenciar por un momento las voces/ en el punto del solsticio/ donde se revela una oscuridad absoluta, no podrías/ ellas entran y salen a gusto de sus nubes lácteas.
De la música una elige el contrapunto. Ya que la soledad es la escritura misma, la voz monta su espectáculo. En El cuaderno de Amanda una nena habla de otra que escribe. Yo es Otra, ambas y más. Una intimidad polifónica. Son las voces de jóvenes adultas en Tornasol. ¿A qué círculo del cono fui destinada?, se pregunta Amanda cautiva del infierno del ‘77. Al Cono Sur, parece responder Faro meridional. Pero las voces lo trascienden, permanentes exiliadas en el cuarto propio de la soledad como espacio de escritura, diría Edmond Jabès.
Faro meridional se adelgaza, la cuarta parte es una hoja: el libro dibuja un triángulo invertido, América del Sur hacia su vértice, donde un faro emite señales de desorientación ante las diferentes cargas humanas de la historia. La poeta testigo la cuestiona de manera sutil desde distintas décadas. Otro diálogo implícito, como en To the Lighthouse, lo hizo la voz faro de Virginia Woolf hace un siglo exactamente.
Roxana Páez